Una base de datos distribuida reparte sus datos entre varios servidores, que pueden estar ubicados incluso en distintas regiones geográficas, coordinándose entre sí para funcionar como si fueran un único sistema coherente, en lugar de depender de una sola máquina con todos los datos concentrados.
Por qué se volvieron indispensables
Permiten escalar más allá de los límites físicos de un único servidor, ofrecer mejor disponibilidad ante fallas (si un servidor cae, otros pueden seguir funcionando), y reducir la latencia sirviendo datos desde servidores geográficamente más cercanos a cada usuario, a costa de una complejidad considerablemente mayor para mantener la consistencia entre todos los nodos.
