La historia de la IA atravesó al menos dos “inviernos” prolongados, en los años 70 y a fines de los 80, en los que la falta de resultados prácticos a la altura de las expectativas iniciales llevó a gobiernos y empresas a reducir drásticamente la inversión en investigación del área.
Su lección para el presente
Estos períodos sirven como recordatorio de que el entusiasmo tecnológico y los resultados reales no siempre avanzan al mismo ritmo, y que las expectativas desmedidas sobre cualquier avance de IA —incluidos los actuales— pueden generar una decepción posterior si no se cumplen en los plazos anticipados.
