El truco del kernel permite calcular, de forma indirecta y computacionalmente eficiente, el resultado equivalente a proyectar los datos a un espacio de mucha mayor dimensión (donde podrían ser separables por una línea recta), sin necesitar realizar esa transformación de forma explícita y costosa.
Por qué es tan elegante como solución
Evita el costo computacional de transformar realmente los datos a un espacio de dimensión mucho mayor (que podría incluso ser infinita), logrando el mismo efecto práctico —encontrar fronteras de decisión complejas— mediante un cálculo matemático mucho más eficiente.
