La densidad de información mide cuánto contenido realmente útil transmite una visualización por unidad de espacio que ocupa, siendo un equilibrio delicado: muy poca densidad desperdicia espacio y atención en poco contenido real, mientras que demasiada densidad puede saturar y confundir a quien intenta interpretar el gráfico.
Por qué el objetivo no es siempre maximizarla
A diferencia de lo que a veces se asume, una mayor densidad de información no siempre es mejor: en una presentación destinada a comunicar un único mensaje claro a una audiencia amplia, una densidad más baja y un mensaje más simple suele ser más efectivo que saturar el gráfico con todo el detalle disponible.
