La distancia de Manhattan suma las diferencias absolutas entre las coordenadas de dos puntos, imitando el recorrido que tendría que hacer alguien caminando por una cuadrícula de calles urbanas, en lugar de la línea recta directa que mediría la distancia euclidiana.
Cuándo se prefiere sobre la euclidiana
Puede ser más apropiada en espacios de alta dimensión, o cuando el “camino” real entre dos puntos está naturalmente restringido a movimientos en ejes específicos, y en algunos casos es menos sensible a la influencia de outliers extremos en una sola dimensión que la distancia euclidiana.
